jueves, 18 de agosto de 2016


PEREGRINACIÓN – VACACIONES JULIO 2016

Como decía, creo recordar, el Papa Francisco, hay que hacer al menos una peregrinación al año.

Este año como me dolía el pie no lo hice andando, sino en coche, en plan “turigrino”.

Me dijeron que tenía que hacer al menos un triatlón en el mar, que está muy bien y es más fácil.

Así que empecé apuntándome al supersprint de Castellón de la plana del 3 de julio, el cortito, por el ser el primero en el mar y porque me dolía el pie, y ya de paso hago turismo y conozco la zona. Que de plano no tiene nada… bueno si lo comparas con Madrid, sí es bastante plano.

Al ir sola se hace más largo el tiempo, pero al estar entretenida viendo cosas nuevas, dejas menos tiempo a la cabeza para que dé vueltas a las antiguas.

Al final, el triatlón me salió bien, a pesar que nos tocó un día de oleaje, y que luego pusieron bandera roja para los bañistas. Así que si llega a haber bandera verde hacemos marca personal.

Qué gracioso que el tritraje se manchaba justo como si te hubieras meado, pero estábamos todos igual, entre la sal y la bici se quedaba la marca en las mallas del tritraje, porque la sal desgasta más la ropa.

Castellón de la Plana no es que sea pequeño, pero la gente es un poco “pasota” con el turismo cultural de su ciudad: no hay nada que ver, sólo playa y montaña. Catedral, parque, plaza de toros, placitas con monumentos... no les daban importancia. El tranvía era tipo autobús con líneas de la luz, era más “light” que el de Lisboa.

Fui a visitar la ciudad de las artes y las ciencias de Valencia, el casco histórico y la famosa playa del Sardinero.

Así que luego me dijeron de ver el “desierto de las palmas” (“desert les palmes”), donde había un monasterio de Carmelitas en ruinas y uno nuevo donde habitaban los pocos monjes y monjas que quedaban, y unas vistas muy bonitas. Se veían las ruinas de un castillo, y a lo lejos entre las montañas, el mar y Benicasim. Creo que lo llamaban, cerca de ahí, la “subida al Bartolo”, por un monje fray Bartolomé que hacía ese recorrido en el monasterio.

Pasé desde el coche por Oropesa, Marina d’or… y llegué a Morella, pueblo amurallado con un castillo, bonito, ya me lo recomendaron varios. Me dio pena ver una iglesia convertida en centro de salud y museo.

Pero al menos se rehabilita para otras cosas y se mantiene el edificio.

Pasé por Zaragoza para coger la Nacional II y volver a casa, al traumatólogo.

Me volví a peregrinar a Covadonga y alguna ruta por Asturias.

Aunque casi no podía caminar, creo que anduve casi lo mismo que haciendo al camino de Santiago, pero por ciudad, visitando nuevos lugares para mí.

No recordaba la cueva de Covadonga, así que recé por mí y por todos.

Pasé por Cangas de Onís, vi el puente y en dolmen y poco más y me fui a Vitoria, que no lo conocía y me gustó mucho. Debe ser la única ciudad española con dos catedrales en uso litúrgico, la Vieja y la Nueva, con rampas para subir al centro, a la almendra central, porque el casco histórico tiene forma de almendra.

Recordaba lo que decía Jesús en el Evangelio, cuando en un lugar no os acojan, sacudíos los zapatos y salid de él, no me sentí muy a gusto en Cangas de Onís y me fui para otro lugar. Pero sin reservar hotel, porque no sé dónde me iba a quedar, así que cuando llegaba a la ciudad para visitar, me costaba un poco dejar el coche en algún sitio y buscar un hotel. Y luego me relajaba y salía a visitar la ciudad. Fue una suerte ser el mes de julio, si hubiera sido agosto tal vez estaría todo más lleno. Y gracias a Dios, siempre.

Recordaba lo que nos contó el Padre Javier (el vasco), que Jesucristo era alavés, porque es Dios y hombre “alavés”.

Y me hizo gracia cuando un chico me enseñó la Casa del Obispo, y me dijo que fue la primera casa en “ocuparse”.

Me sorprendió cuando la gente, sea de la categoría que sea, más o menos adinerada, me habla de una forma agradable, preguntándome y respondiéndome con confianza, ya sea cuando fui a cenar al restaurante Sagartoki, un restaurante típico alavés pero algo caro, y cuando me habló el chico que le habían invitado los “okupas” a cenar. No sé que ve en mí la gente que me empieza a hablar agradablemente, y cuando me conocen de más de un año...

Recuerdo lo que me dijo "mi prejubilada" del trabajo, que debes hacer el bien a quien puedas y con quien estés, porque después te lo devolverán, aunque no sea de la misma persona, que, según me dijo, rara vez pasa, pero sí te lo devuelven por medio de otras personas que se te cruzarán en tu camino. Estamos todos caminando y nos encontramos, unos con otros, y tal vez volvamos a encontrarnos a los de antes o son otros los que nos crucemos. Paciencia, dejarse llevar… Dios, no me abandones.

Los alaveses son muy educados y respetan mucho a los ciclistas, el carril bici es para bicis y el peatonal para peatones, y ¡muchas bicis!

También hay un “paseo del colesterol” de unos 4 kilómetros hasta la basílica de Armentia, bonita, en una explanada grande.

Luego me fui a Pamplona, es bonito, pero me gustó menos, con sus murallas, su ciudadela (como la Barcelona) y animales sueltos en el parque de la ciudadela. Con la placita del Ayuntamiento donde dan el chupinazo, muy pequeña. Me dijeron que antes lo hacía en la Plaza del Castillo, una plaza principal de Pamplona, grande, pero por política se quedó en la otra plaza después.

Me fui para Logroño con una visita guiada, y ¡qué casualidad!, también tiene “paseo del colesterol”, bonito pero no me quedé porque estaba cansada, así que seguí bajando para Madrid.

Pasé por Santo Domingo de la Calzada, que tiene dos paradores de turismo, colegiata y torre.

Hice noche en Briviesca, un pueblo que tiene dos iglesias, un convento en venta y una de las iglesias en muy mal estado una parte de ella, por detrás de la sacristía, que me dejaron verlo, era bonita pero se veía que necesitaba restauración, que no podían hacerlo por falta de presupuesto.

Una de las iglesias de Briviesca es una excolegiata, como en Peñaranda de Duero, vi que el título de colegiata se puede perder.

Y ahí en Briviesca, que era la capital de la región de la Bureba, me acerqué a 8 kilómetros, al Santuario de Santa Casilda, que pertenece al pueblo de Salinillas de Bureba, donde está también la Cueva de San Vicente, el pozo blanco, milagroso para la fertilidad (si tiras una piedra y cae dentro del pozo el bebé es niño y si es teja lo que tiras y cae dentro el bebé es niña), y el pozo negro, milagroso para curaciones, que es ahí donde se curó la Santa de su enfermedad.

El cura del Santuario, que llevaba sólo dos meses ahí, porque el anterior cura se murió recientemente, lo explicaba muy bien y me enseñó y me explicó las reliquias de la Santa.

Así que hice peregrinación con ruta turística empezando por un Santuario y acabando en otro Santuario.

Ya bajando para Madrid, me desvié un poco a Atapuerca, pero no anduve mucho porque estaba cansada y me dolían los pies al andar, así que vi un poco sólo.

Y llegada a Madrid el día de Santiago, fui a la procesión del Santo y a la Misa.

Vuelta al trabajo y ahora el 22 de agosto tengo la radiografía y el 25 de agosto tengo el traumatólogo, para ver si me hace algo. No sé si será fascitis, pero no mucha, porque aunque cojeo puedo andar, me dijeron que había gente que no podía ni andar.

Y espero acabar bien todo esto.

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