sábado, 15 de noviembre de 2014

Cada día, una aventura.



Nunca sabemos lo que no puede pasar, “la vida es como una caja de bombones, nunca sabes cuál te va a tocar”, decía el “filósofo de Forrest Gump”.

Es verdad, las pocas veces que hago algo que creo que está bien. Tengo una cita, una entrevista o un encuentro con algún amigo o conocido y nunca sé lo que voy a decir o lo que voy a hacer, pienso una cosa y Dios siempre tiene sugerencias para cada momento.

Así que me digo “que sea lo que Dios quiera… y quiera Dios lo mismo que yo”. Voy camino del encuentro, pero con miedo a no perderme, ya sea en coche mío o en el de San Fernando. Toda una aventura que se puede resumir en una convivencia y conversaciones variadas entre Dios y yo (cuando voy sin otra compañía humana).

Llego al punto de encuentro y… otra aventura. Intento relajarme, hablar y escuchar coherentemente… y siempre me voy con la duda de qué es lo que he hecho… como si hubiera faltado a alguna norma social imprescindible (aunque no fuera así, eso es lo que pienso). Me queda pensar lo que nos dijeron en una catequesis de una iglesia de Madrid: busca la palabra coherencia el la Biblia, y si la encuentras, dímelo. Pues si en la Biblia no aparece esa palabra, no esperes de nadie en este mundo sea coherente. Todos tenemos nuestras faltas y nuestras incoherencias a veces. Hasta el más santo de todos.

Y el camino de regreso… más de lo mismo. Y me digo “ningún perdido se pierde, espero encontrarme pronto, con la ayuda de Dios. Dios no me abandones. Al menos no estoy sola, la Virgen María me cuida y Dios me guía”. Otra aventura… encuentros y desencuentros… y volver a encontrarme para volver a casa… o al lugar de regreso. Gracias Dios mío. Gracias Padre mío.

Suele pasar que las pocas citas que tengo suelen coincidir los mismos días, y el resto del tiempo está algo más relajado. Es como si el valor de mi vida fuera de “suplente universal”, cosa que no quiere hacer nadie, allí estoy yo, aparece alguna otra persona… hasta luego Lucas y si te he visto no me acuerdo… al menos es lo que pienso cuando me pasa... Tan sólo me queda pedir a Dios que me escuche, que si he servido para hacer su voluntad, y lo he hecho bien, puedo descansar tranquila… pero me queda la duda siempre de que algo me falta.

En fin, como dice el Papa Francisco, que la Virgen María nos cuide y Dios nos guíe… y rezad por mí.

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