sábado, 7 de julio de 2012

La amistad, esa vieja conocida.


Cuando formamos parte de un grupo, en el que empezamos a conocer gente con la que nos gusta hablar y relacionarnos, nos vemos capaces de ser o llamarnos amigos. Pero esa palabra es muy relativa. ¿Qué es la amistad? No es lo mismo para todos. Y hay diferentes tipos de amistad.



Unos piensan que es dar la vida por el amigo, otros piensan que es gente conocida con la que puedes hablar y pasar buenos ratos. O también pueden ser los “compañeros de viaje” (como decía Jaime Gil de Biedma en una de sus obras).



Yo pienso que amigos podemos ser todos, con distinta gradación. Podemos ser amigos de alguien en más medida de lo que puede ser recíprocamente. Yo creo que puedo tener en más alta estima a un amigo que la que él me tiene a mí.



Pero con el tiempo vamos conociendo a más gente, el grupo de amistades se va ampliando, y va siendo como un globo en el que en primer lugar tenemos el círculo pequeño, con grandes amigos, aunque pocos, y después, según vamos creciendo y haciéndonos mayores, vamos conociendo a más gente, vamos ampliando el círculo, soplando el globo y haciéndolo más grande. Así, podemos tener muchos más amigos, pero sólo nos relacionaremos más con los que tenemos más cerca, y menos con los que tenemos al otro lado del diámetro del globo.



Por ello, la amistad cambia, la gente cambia, aunque no queramos. Aunque queramos seguir con los mismos amigos de siempre, el tiempo nos aleja cuando seguimos soplando en el globo, para ampliar nuestras fronteras y conocer más gentes, lugares, cosas…



Así también, debemos tener mucho cuidado de no soplar de más, y tener siempre un poco de seguridad para que la corteza del globo no se quede tan fina que se pueda romper, y que nos quedemos sin la alta confianza que hemos amasado durante largo (o corto) tiempo.



Esa confianza es como la cáscara del globo, cuánto más tiempo llevamos con los amigos, más queremos soplar, para que se haga más grande. Pero no debemos pasarnos, para que no se rompa esa confianza, ese globo, y se nos escape el aire de dentro, es decir, todo lo que hemos vivido juntos, compartido, esos momentos bonitos que queremos recordar… y mejor será recordarlos en compañía que en solitario.



En fin, que al final echamos más de menos lo que se nos va, y que no podemos evitar. Y eso nos ciega para seguir mirando al futuro y conocer más gente buena. Siempre caemos en el mismo error, y siempre que pasan las cosas las echamos de menos, cuando antes podíamos haber actuado de otra forma para poder evitarlo. Siempre echamos de menos lo que perdemos, no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos y luego lo echamos muchísimo de menos.