jueves, 11 de octubre de 2012

Con las telecomunicaciones del siglo XXI desaparece la comunicación

En estos últimos años, y después de las llamadas “nuevas tecnologías de la información”, actualmente llamadas “tecnologías de la información y comunicación (TIC)”, donde muchas personas tienen casi el último modelo de teléfono móvil, el último iPhone, el nuevo MP4, MP5… y donde estamos interconectados en cualquier sitio… me pregunto, ¿para qué nos sirve tanta tecnología, si luego salimos a la calle y no nos comunicamos en persona con nuestros vecinos?
Parece que nos gusta más comunicarnos en la distancia, pero luego salimos a la calle y si no vamos solos, vamos hablando con el móvil... ¿Dónde está el llamado “progreso”?

Cada vez que recuerdo la época que nos ha tocado vivir a mi generación del último cuarto del siglo XX, creo que somos unos privilegiados, porque conocemos lo que han vivido nuestros padres sin haber vivido la desgracia de la guerra civil y la posguerra. Hemos aprendido lo que no debemos hacer e intentamos no caer en esas tentaciones y que no vuelva a ocurrir nada parecido. Hemos disfrutado de una infancia y juventud donde podíamos salir a la calle y jugar con amigos, estudiar en colegios públicos con poco gasto por nuestra parte, que si fueran totalmente privados.

Pero ahora, cuando a nosotros nos toca “enseñar” a la generación siguiente, nos lo ponemos muy difícil… Nos parecía más fácil antes, cuando nos educaban a nosotros, y ahora que tenemos que educar nosotros a los más pequeños… dudamos… dudamos mucho de si hacemos lo correcto, cómo podemos hacerlo mejor…

Son preguntas sin respuesta, antes, cualquier duda que teníamos se la preguntábamos a nuestros “papis”, y nos solucionaban todo. Ahora, ¿nos da miedo preguntar? ¿hacer una lluvia de ideas? Nos comunicamos por Internet con gente que no conocemos en persona, pero no nos comunicamos en persona con la gente que tenemos a nuestro alrededor… ¿Cómo hemos cambiado? Suponemos que para bien, pero no debemos olvidar el pasado, y continuar con lo bueno de aquellos maravillosos años.

Lo dicho, aunque también nos comuniquemos ON LINE, deberíamos comunicarnos también IN SITU.

sábado, 7 de julio de 2012

La amistad, esa vieja conocida.


Cuando formamos parte de un grupo, en el que empezamos a conocer gente con la que nos gusta hablar y relacionarnos, nos vemos capaces de ser o llamarnos amigos. Pero esa palabra es muy relativa. ¿Qué es la amistad? No es lo mismo para todos. Y hay diferentes tipos de amistad.



Unos piensan que es dar la vida por el amigo, otros piensan que es gente conocida con la que puedes hablar y pasar buenos ratos. O también pueden ser los “compañeros de viaje” (como decía Jaime Gil de Biedma en una de sus obras).



Yo pienso que amigos podemos ser todos, con distinta gradación. Podemos ser amigos de alguien en más medida de lo que puede ser recíprocamente. Yo creo que puedo tener en más alta estima a un amigo que la que él me tiene a mí.



Pero con el tiempo vamos conociendo a más gente, el grupo de amistades se va ampliando, y va siendo como un globo en el que en primer lugar tenemos el círculo pequeño, con grandes amigos, aunque pocos, y después, según vamos creciendo y haciéndonos mayores, vamos conociendo a más gente, vamos ampliando el círculo, soplando el globo y haciéndolo más grande. Así, podemos tener muchos más amigos, pero sólo nos relacionaremos más con los que tenemos más cerca, y menos con los que tenemos al otro lado del diámetro del globo.



Por ello, la amistad cambia, la gente cambia, aunque no queramos. Aunque queramos seguir con los mismos amigos de siempre, el tiempo nos aleja cuando seguimos soplando en el globo, para ampliar nuestras fronteras y conocer más gentes, lugares, cosas…



Así también, debemos tener mucho cuidado de no soplar de más, y tener siempre un poco de seguridad para que la corteza del globo no se quede tan fina que se pueda romper, y que nos quedemos sin la alta confianza que hemos amasado durante largo (o corto) tiempo.



Esa confianza es como la cáscara del globo, cuánto más tiempo llevamos con los amigos, más queremos soplar, para que se haga más grande. Pero no debemos pasarnos, para que no se rompa esa confianza, ese globo, y se nos escape el aire de dentro, es decir, todo lo que hemos vivido juntos, compartido, esos momentos bonitos que queremos recordar… y mejor será recordarlos en compañía que en solitario.



En fin, que al final echamos más de menos lo que se nos va, y que no podemos evitar. Y eso nos ciega para seguir mirando al futuro y conocer más gente buena. Siempre caemos en el mismo error, y siempre que pasan las cosas las echamos de menos, cuando antes podíamos haber actuado de otra forma para poder evitarlo. Siempre echamos de menos lo que perdemos, no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos y luego lo echamos muchísimo de menos.

domingo, 3 de junio de 2012

Siempre nos acordamos de lo que tenemos cuando lo perdemos

Recordando el tiempo que he disfrutado entre distintos compañeros de viaje, actualmente hay algo que me impide disfrutar en plenitud del presente, y miro con nostalgia hacia atrás.

Me doy cuenta de lo que he vivido, de las historias contadas y el tiempo disfrutado, y quiero volver a disfrutar esos momentos felices, y eso me impide disfrutar los momentos presentes.

El otro día en la Tapia, quedada de compañeros corredores donde solemos pasar un buen rato para recargar energías positivas para el resto de la semana, llamadas también Tapias (o Terapias) de verano (www.tapieros.es), mientras el minuto de silencio y las breves palabras de otros compañeros sobre el difunto compañero de las mismas Tapias, recordaba lo que hemos vivido y lo que disfrutamos cuando él estaba en las Tapias, y pensaba que siempre nos acordamos de los que tenemos (teníamos) cuando lo perdemos.

Como pasa en la actualidad, y ha pasado siempre, “cada uno va a lo suyo, menos yo que voy a lo mío”, y no nos acordamos del prójimo. Pero cuando es demasiado tarde queremos remediarlo.

Tendríamos que pedir siempre disculpas. Tendríamos que relajarnos un poco, pensar con algo más de detenimiento para poder encontrarnos bien, y poder decir que hemos hecho todo lo que podíamos hacer. Y eso muchas veces es lo que me pasa, intento hacer lo que más conviene, por desgracia y como todo el mundo, egoístamente, pienso en mí, pero intento ayudar a los demás. Y muchas veces se queda en eso, en una intención.

Otras veces me quedo con la duda de si lo que he hecho ha servido de ayuda, está bien o no. Porque cuando pasa el momento, miro para atrás y me siento mal, como si quisiera retroceder y cambiar lo que he hecho.

Estoy casi siempre pidiendo disculpas, pidiendo perdón, dando las gracias (siempre que me acuerdo), e intentando mejorar y no estorbar, ayudar sin estorbar.

Me gustaría adentrarme en el cerebro de los demás y ver lo que piensan, sobre todo en aquellos que no muestran lo que sienten. Sólo para saber si he sido yo quien ha hecho algo mal o ha sido otra persona… y si pudiera hacer algo en remediarlo.

Pero todo es muy complicado. Pienso en que la vida se nos da para que aprendamos y pasemos por todas las etapas, por todas las edades de la vida, y veamos cómo cambiamos, cómo vemos las cosas desde distintos puntos de vista. Y siempre desde nuestro interior, y con ayuda de otras relaciones personales que nos puedan ayudar.

Pues ahora, en el siglo XXI, pido ayuda a Dios y al mundo entero para que seamos todos hermanos, que haya paz entre toda la raza humana y todas las especies existentes en el mundo. Ahora que cada vez se habla menos con la boca y un poquito más por internet, quiero que haya más ilusión y más unidad entre todos.

Doy gracias también por todo lo que he vivido, aprendido y disfrutado en cada momento y que podamos seguir así, y mejorando en la medida de lo posible hasta el final de los días, amándonos todos como grandes amigos.

sábado, 24 de marzo de 2012

La esperanza es lo último que se pierde

Una canción que nunca pasará de moda, me hace sentir bien cada vez que la recuerdo, pero qué complicado es vencer esos miedos (seguimos "necesitando mejorar", aunque a veces "progresemos adecuadamente"):

Color esperanza / Diego Torres (Álbum: Un mundo diferente)

Sé que hay en tus ojos con solo mirar
Que estás cansado de andar y de andar
Y caminar girando siempre en un lugar.

Sé que las ventanas se pueden abrir
Cambiar el aire depende de ti
Te ayudará vale la pena una vez más.

Saber que se puede querer que se pueda
Quitarse los miedos sacarlos afuera
Pintarse la cara color esperanza
Tentar al futuro con el corazón.

Es mejor perderse que nunca embarcar
Mejor tentarse a dejar de intentar
Aunque ya ves que no es tan fácil empezar.

Sé que lo imposible se puede lograr
Que la tristeza algún día se irá
Y así será la vida cambia y cambiará.

Sentirás que el alma vuela
Para cantar una vez más.

Vale más poder brillar
Que sólo buscar ver el sol.

"Estos somos docentes"

De "Identidad bibliotecaria", muy bueno, y totalmente cierto:

ESTOS SOMOS DOCENTES

"Esos locos que enseñan. Yo los conozco. Los he visto muchas veces. Son raros.

Algunos salen temprano por la mañana y están en el cole una hora antes, otros salen del cole una hora más tarde porque tienen entrevistas con los padres que trabajan y no pueden acudir a otra hora, otros recorren todos los días varios Km de ida y otros tantos de vuelta. Están locos.

En verano les dan vacaciones, pero no desconectan del todo, piensan en sus clases, preparan tareas para el curso siguiente. En invierno hablan mucho, siempre llevan caramelos de miel y limón en los bolsillos, otros con una botella de agua a su lado.

Su garganta siempre está dolorida, pero siguen enseñando, a veces fuerzan su voz, pero siguen transmitiendo sus conocimientos con cariño e ilusión.

Yo los he visto, no están bien de la cabeza. Salen de excursión con sus alumnos y se encargan de gestionar autorizaciones, recogida de dinero y responsabilidad extra.

Qué será de ellos y ellas. Por la noche sueñan con el colegio, se les aparecen planetas, ecosistemas y personajes históricos. He escuchado que llegan cargados con cuadernillos y exámenes, que han corregido la tarde anterior en su casa.

Son mujeres y hombres, casados, solteros,... de diferentes edades, pero a todos les apasiona su trabajo, ver crecer a sus alumnos, ayudarlos y conseguir de ellos ciudadanos competentes.

Los he visto muchas veces. Están mal de la cabeza. Algunos dicen de ellos que viven muy bien, pero siempre luchan por un salario justo y siguen trabajando incluso más que antes, algunos no miran ni su nómina porque su pasión por la enseñanza los hace ciegos a pensar en el cobro. Disfrutan con lo que hacen, aunque haya padres que no los valoren, les critiquen e incluso les quiten autoridad, (a veces hasta les agreden), pero ellos siguen hacia adelante.

Están mal; por las tardes quedan para hacer cursos de formación y no les importa perder tiempo de su ocio para reciclarse.

Dicen que son autocríticos y que hacen balance de sus experiencias educativas, que se frustran cuando no salen las cosas como esperaban, que se alegran cuando sus alumnos avanzan.

Están mal de la cabeza, yo los he visto. Dicen de algunos que fueron muy importantes, que siempre tienen palabras de aliento; dicen sólo que son DOCENTES y que se sienten MUY ORGULLOSOS DE SERLO.

Si conocés alguno reenviale este e-mail, "quizá se sienta identificado”

- La vida es lo que tu haces de ella: una escuela, un campo de batalla, o un patio de juegos.



PD1: Educad a los niños para no castigar a los hombres (Pitágoras).

PD2: El secreto de la genialidad es el de conservar el espíritu del niño hasta la vejez, lo cual quiere decir nunca perder el entusiasmo (Aldous Huxley).

Vivencias

Los enanos y los viejos.

Cómo da vueltas la vida, que cuando íbamos al colegio e instituto los padres eran los “viejos” y ahora, los niños son los “enanos”. Estamos viviendo las distintas épocas de la vida, pasando por las distintas edades que tiene la vida desde que nacemos hasta que morimos.
Y aunque pasamos por las distintas crisis y alegrías de la vida, lo vivimos desde diferentes perspectivas, dependiendo de la edad y la época en la que vamos pasando.
Como decía el grupo “Modestia aparte” en una de sus canciones: “Qué más da, si son cosas de la edad…”.

Como punto y aparte, si pudiéramos cambiar el mundo, si pudiéramos vivir todos en paz…, no sé qué cambiaría, pero agradecería quitarnos esos miedos, por un mundo mejor.

jueves, 1 de marzo de 2012

4.615 versus 42.195.

La vida es una carrera de resistencia. La carrera de resistencia es una distancia suprema en la que lo que más importa es la forma de llevarlo a cabo. Hay que ser coherente y persistente en los actos y en los pasos que se den.

El maratón es una carrera de resistencia, 42 km y 195 metros que sirven para medirnos si somos capaces de llevar un ritmo coherente con nuestras habilidades, tanto físicas como psicológicas. Es una carrera como la vida misma.

Pero la carrera de resistencia por excelencia siempre ha sido el dólico, una distancia que inventaron los griegos, para medir la resistencia de los atletas en la pista de atletismo. Son 4.615 metros en los que se mide la habilidad y persistencia de cada atleta participante.

Así, se puede decir que hasta 3.000 metros es una distancia de velocidad (aunque la velocidad propiamente dichas son los 100 metros lisos). Pero más allá de esa distancia tiene que ver, y mucho, las habilidades psicológicas de cada persona. Se puede decir que un 85-90% es entrenamiento psicológico y un 10-15% es entrenamiento físico. Y unido todo ello, siempre que sea correcto, se puede llegar a niveles estratégicos para ganar la partida.

Eso mismo es lo que pasa en la vida real, es decir, es un maratón, o un dólico, dependiendo de la distancia que se tenga en la vida. Debemos tener una calidad psicológica de un 85-90%, pero nos basta con una calidad física de un 10-15%.

Quiero decir que si sabemos como organizarnos, como anticiparnos a las consecuencias, como comportarnos en cada situación, cambiar de registro cuando sea necesario, y saber lo que queremos pensando en lo que tenemos, seríamos felices con lo que tenemos sin envidias ajenas.

Por ejemplo, si sabemos organizarnos con lo que tenemos, no estaríamos en esta crisis. Debemos estar a gusto con lo que tenemos, pues la educación es lo primordial para seguir siempre adelante.

Como decía Pitágoras: “Educad a los niños para no castigar a los hombres”.