sábado, 14 de noviembre de 2009

Historia verdadera

Un día, un hombre se levanta de la cama, va a la cocina, su mujer le sigue por detrás.

Coge la sartén, echa aceite en ella, prende el fuego, y se oye una voz en grito por detrás: ¡Cuidado! No te quemes. Pero que ya está caliente, no lo ves.

El hombre, asustado, coge el huevo, lo casca y lo echa a la sartén, y la mujer por detrás, continúa gritándole: Pero ¿es que no lo ves? se te va a quemar, no te va a salir bien...

Y cuando ha terminado, el hombre le dice a la mujer: ¿Por qué te pones así? ¿No ves que me he levantado a hacer el desayuno? ¿Qué te pasa?

Y la mujer le contesta: ¿Ves? Así es como me siento yo, conduciendo contigo al lado.


Sí, esto me ha recordado que pasa muy a menudo en diversas situaciones.

Una mañana de sábado en una carrera deportiva universitaria, en las que las mujeres corren primero y los chicos después. Las mujeres seríamos unas 50, y los chicos serían más de 100. Acabamos de correr las chicas, llegamos a meta y, gracias a Dios, nos dan una lata de refresco, bocadillo y una fruta.

Llegan los chicos a meta, y según van llegando les dan lo mismo, bocadillo, fruta y refresco. Pero para los últimos, no quedaban frutas y bocadillos, y pocos refrescos, y me ha recordado lo mismo que he expuesto antes: "¿Véis? Ahora sabéis lo que sentimos nosotras cuando llegamos las últimas en una carrera popular y no tenemos de nada." Y más que nada porque "algunos" "arrasan" con todo lo que pillen sin pensar en los que vienen detrás, que pagan lo mismo y parece que no tienen derecho a lo mismo. Como si los últimos debieran correr gratis pagando la carrera sólo los primeros.

Pero también les dices a los últimos que corran con nosotras y te dicen: "¿Pero qué dices?" si ellos son Hombres...

Como ha pasado en una cuestecita, bastante dura, que casi no se podía subir corriendo, y pasa en varias carreras. Las chicas, si no podemos, las subimos andando, pero los chicos... ¿qué dices?... ¿cómo me van a ver la gente que voy andando... cabezonería aparte... suben corriendo aunque lleguen a meta hechos piltrafas.

Conclusión: Somos todos iguales, y no nos tiene que importar que nos vean sufrir si se da el caso. Lo mismo cuando estamos fuertes y podemos hacer las cosas con facilidad.